lunes, 16 de junio de 2014

Corona de juncos

Mª Eugenia M.G.

Cuando era pequeña mi madre me enseñó en Villabrázaro a arrancar unos juncos y hacer una trenza con ellos. Generalmente una corona, que me ponía yo misma o se la regalaba a alguien.

Era una manualidad sencilla pero entretenida, y daba gusto utilizar "materiales" que estaban en la naturaleza.
Se podía poner en plan corona o también como si fuera una cinta de tenis, hippy o simulando la corona de Cristo, sólo que sin espinas, claro. Quedaba de lo más bonita, aunque sólo duraba ese día, entre el ajetreo y que se va secando, pero siempre recuerdo con cariño ese aprendizaje infantil, y el otro día que estuve en el campo, después de muchos años, lo volví a recuperar.

Juncos en el campo


Tejiendo la trenza


La corona en la cabeza de mi abuela

Huevos de corral

Estos huevos nos los regaló una amiga de Villabrázaro, de gallinas que no comen pienso, que andan recorriendo el corral y picando alimentos naturales: berzas, hierbas, maíz y demás.
Antiguamente todo el mundo tenía sus gallinitas en casa para consumo personal, y podían disfrutar de este tamaño tan enorme, con yemas especialmente amarillas y sabor tan rico, pero hoy en día quedan menos en el pueblo.

Sobra decir que esta calidad de huevos no se encuentra en las grandes ciudades, ni siquiera comprando el tamaño XL de las grandes superficies, así que toca a esperar al verano para degustar las tortillas, huevos fritos y revueltos.

© Ángela

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